En las últimas décadas se ha producido un cambio sustancial en la actitud frente a la alimentación.
Los consumidores son conscientes de la influencia de la dieta en la modulación del riesgo de desarrollo de enfermedades y de la relación entre dieta y calidad de vida.
Las autoridades administrativas conocen y apoyan el beneficio, en términos de salud pública, derivado del consumo de ciertos alimentos. Por último, estas mismas autoridades están evaluando el ahorro económico derivado del apoyo a estas medidas en un contexto de prevención de la enfermedad.
Cada día se conocen mejor las bases científicas que sustentan el consumo de algunos alimentos considerados de manera empírica como saludables, que han formado parte de la dieta habitual de algunas poblaciones durante siglos.
Esta revisión pretende, en primer lugar, aclarar la terminología relativa a estos alimentos; palabras como “probióticos” o “alimentos funcionales” son de uso común no sólo en medios de comunicación especializados en nutrición, sino en revistas y diarios de difusión de masas, por lo que ya forman parte del vocabulario general. En segundo lugar, se exponen las funciones fisiológicas de estos alimentos, paso previo necesario para entender mejor su posible contribución en la prevención y el tratamiento de una enfermedad. Posteriormente se destacan los artículos científicos que han evaluado la repercusión clínica del uso de estos alimentos, resaltando especialmente aquellas revisiones sistemáticas cuyas conclusiones serán de mayor relevancia que las obtenidas por trabajos aislados. Por último, se recogen las conclusiones y recomendaciones de las sociedades científicas de mayor influencia en nuestro entorno, como garante en el que apoyarnos a la hora tomar una decisión o recomendar el uso de un producto.
Definiciones
Alimentos funcionales: alimentos que proporcionan, a quien los consume, un beneficio fisiológico adicional al puramente nutricional, de manera relevante para el bienestar y la salud o para la reducción del riesgo de desarrollo de una enfermedad. El principio bioactivo debe ir mezclado con el alimento, manteniendo la apariencia normal, y demostrar su efecto cuando se consume en cantidades habituales. Por ejemplo, tomates con alto contenido en licopenes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario